Melodrama und Film

Geschichten einer (klein)bürgerlichen Revolution
Elisabeth Streit

Geschichten voller Pathos, mit dramatischen Wendungen versehen und meist in der totalen Katastrophe endend, haben von jeher die Menschen für Bühne und Film begeistert und mitgerissen . Woher aber kommt die Lust, sich am Leid des Anderen zu delektieren? Einerseits vereinigen bereits die Tragödien der griechischen Antike eine im wesentlichen politische Aussage mit tief empfundenem Schmerz und andererseits scheint das menschliche Bedürfnis zu Weinen ein taugliches Mittel, um sich in der individuell empfundenen Ungerechtigkeit des Lebens zurecht zu finden. Im Kino zählte das Melodram neben Abenteuer- und Westernfilmen schon seit der Stummfilmzeit zu einem der beliebtesten Genres. Aber nicht nur in Hollywood verstand man es großes Kino zu produzieren. Nach einem regen künstlerischen Austausch zwischen Mexiko und den USA begann in den späten 1930er Jahren die Blütezeit, die sogenannten Goldenen Jahre des mexikanischen Films. Die epischen Verfilmungen der Revolution und die populären Melodramen waren durchwegs Kassenschlager. Damit war den mexikanischen Filmschaffenden etwas Besonderes gelungen: Die Erschaffung eines ikonischen Bildes von Mexiko, in dem die Erinnerung an die Zeiten des Aufstandes präsent blieben und variantenreich neu erzählt wurden.

Melodrama en el filme
Historias de una revolución (pequeño)burguesa

Desde hace mucho las historias llenas de pathos con giros dramáticos que en la mayoría de los casos culminan en catástrofes totales, son las que entusiasman y apasionan al público de teatro y cine. ¿Pero de donde proviene el deseo de gozar la pena ajena? Por un lado ya las tragédias de la Antigüedad griega fusionaron una expresión eminentemente política con un dolor profundo; por el otro lado parece que la necesidad humana de llorar es un medio adecuado para ubicarse en la vida, cuya injusticia se percibe individualmente. Ya desde los tiempos del cine mudo el melodrama cuenta como uno de los géneros mas apreciados del cine junto con las películas vaqueras y las de aventura. Pero no tan sólo Hollyood fue capaz de producir gran cine. Después de un vivo intercambio artístico entre México y los Estados Unidos comenzó una etapa de apogeo del cine Mexicano, la llamada época de oro a partir de los años 1930. La mayoría de las adaptaciones cinematográficas de la revolución y los melodramas populares fueron éxitos de taquilla. Con ellos los cineastas mexicanos lograron algo particular: la creación de una mirada icó- nica de México, donde la memoria de los tiempos de la insurrección se mantuvo presente y fue narrado repetidamente con variaciones inesperadas.

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